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lunes, 14 de abril de 2008

¿Turismo o turrismo?


Desmintiendo las versiones que circulan sobre mi electroencefalograma plano, hay una idea que me ronda la cucuza desde hace tiempo. Si bien suena extraño, es así.
Tiene que ver con esta oleada, que no es tsunami pero parece, de turismo internacional en nuestros Sures.
A caballo de relaciones de cambio favorables, vienen de todos los lugares que a uno se le ocurran donde se gane más dinero que aquí (salvo Africa en general y algunos países compadres de Sur, hay unos cuantos...)
Tengo claro que en estos tiempos mucha gente vive de las divisas del turismo, pero hay algo que me molesta y es la actitud con la que viene una buena parte de los visitantes (para no generalizar...).
Admito que los argentos dejamos mucho que desear en comportamiento extraterritorio (quizás más bobazos que aquí, que ya es mucho) pero lo de estos muchachos tampoco es ejemplar.
Traen en sus lujosas valijas una impronta de "a ver que tienen para mostrarme, que vine del mundo civilizado a este culo del mundo a darles de morfar con mis divisas". Y se llevan todo a precios infames, rememorando la famosa "conquista" y el cuento de los espejitos de colores, 500 años después.

Para viajar de veras hay que abrir el corazón. Con humildad para poder comprender lo distinto. Y, en esa sintonía, uno puede conocer el mundo sin haber siquiera salido de su casa.
Por el contrario, estos visitantes nos espetan sus mega-cruceros llenos de señores y señoras de edad avanzada, que parecen haber sido remitidos por sus sociedades “exitosas”, quizás algo apretadas y sin lugar donde ponerlos.
Si así fuera, hasta podría llegar a entender porque andan con su fastidio a cuestas, tan característico como las tradicionales bermudas caqui que usan en cualquier estación del año.

Quizás este exilio disfrazado de descanso sea un decidido mensaje de sus países de origen, sobre el fin de sus vidas de consumidores. Que implica en esas sociedades, lisa y llanamente, el fin de la vida misma.

De todos modos, a los señores no parece importarles demasiado todo el asunto y recorren nuestras calles pidiendo presupuestos.
Lo asumo: hoy estoy malo pero me irritan estos personajes. Los verdaderos "turristas".
Una propuesta superadora: que tal si van Ibiza, a Grecia o al Congo y dejan disfrutar en paz a la muchachada de estas latitudes, llena de una vida que, quizás, ustedes nunca comprenderán.
Por suerte.
DOS